UNA POETA DE SU ÉPOCA
Biografiá Poética por Francisco Véjar
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Comenzó a escribir desde pequeña, pues su tía le pedía caligrafías con las obras de María Luisa Bombal. Pero fue a la edad de catorce años que comenzaron sus inquietudes literarias. Entre sus amistades contaba, Maggie Labbé, hija del escultor Lautaro Labbé, quien era amiga de Antonio Kadima y Aristóteles España; dos creadores emblemáticos de la década de los ochenta. Kadima dirigía el Taller Sol, lugar donde confluían muchos escritores contrarios a la dictadura de Pinochet. Era un verdadero laboratorio de creación artística. Allí Malú compartió sus primeras creaciones y lecturas. Ya con cierto bagaje literario, el año 1986 fue becaria de la Fundación Pablo Neruda. Es ahí donde conoce y traba amistad con la poeta Bárbara Délano (1961-1996), que años más tarde muere en un accidente aéreo. Lee a Carmen Berenguer, Eugenia Brito y Diamela Eltit, entre otras autoras nacionales. Por esos años, su generación vivía una intensa bohemia, en diversos bares y lugares ya míticos del Santiago de entonces. Bajo ese clima, publica su primer volumen de poemas, titulado Piedras rodantes, el año 1988. El libro está dedicado “a nosotros, cicerones, rimbaucitos y dantes (pobres cuchos). La irónica referencia a los poetas como gatos los “cuchos” que menciona la autora), que intentan sobrevivir en un medio pequeño, mediocre y hostil, abre la puerta a este libro que contiene epígrafes tanto de la teórica feminista Julia Cristeva, como de la cantante popular argentina Celeste Carvallo. Mediante este gesto, Urriola equipara la cultura letrada y la cultura popular, característica que cruzará toda su producción poética. Por ello, no resulta extraño encontrarse entre sus páginas con cultas referencias a Brecht, Víctor Hugo o Rodrigo Lira, junto a citas musicales (Mick Jagger, Joe Cocker, Bob Dylan, Jimi Hendrix), cinematográficas (Calamity Jane) o televisivas (El Coyote y el correcaminos). Abundan también las referencias a la autora en segunda y tercera persona (“la Malú”), las palabras en inglés (home, estar down, baby, tape), propias del lenguaje musical del Rock and roll.
Con todo, sus inquietudes literarias, la llevan a que sus sucesivos libros fueran distintos unos de otros, por un proyecto personal. Sin ir más lejos, su segunda entrega, titulada Dame tu sucio amo, publicada por Sudara Ediciones, en 1994, retoma tópicos de su obra anterior, pero incorporando referentes distintos, como cantantes que ya son leyendas del jazz. Por ejemplo, Bessie Smith, considerada como la “Emperatriz del blues”, entre los años 20 y 30. Asimismo, utiliza un lenguaje, directo, coloquial y también habla en segunda persona y tercera persona, pero con significantes distintos. Aquí Malú Urriola, trabaja el poema en prosa y a ratos, alude a la desilusión de la relación amorosa. Es decir, la desmitifica. E introduce poemas con su propia caligrafía.
Con todo, hay ratos, alusiones a la muerte y al suicidio que para Albert Camus, era y sigue siendo, el único problema real de la filosofía contemporánea, ¿si vale o no, la pena vivir esta vida?
Consignamos que esta obra fue financiada por el FONDART y la portada corresponde a Lotty Rosenfeld, referente del grupo CADA. Todo este contexto hizo posible, Dame tu sucio amor. Y por cierto, siempre contestataria, como tantas poetas chilenas He aquí un ejemplo, cuando afirma en el texto que lleva por nombre, “El CEMENTO”. Allí, apunta: “Me perdí en Buenos aires, ebria, me hallaron en un BUNKER, bailando en medio de travestís, un hombre pensó que yo era un muchacho, salimos a la calle a tomar unas cervezas (…) Deslizó su mano hasta tocar la mía”. Como vemos, aquí Urriola, nos presenta una poesía confesional, rebelde y honesta. Le quita el velo a los tabués chilenos. Y ese es un aporte significativo, a la poesía chilena de su generación. Y lo hizo, desde la experiencia.
Cuatro años más tarde, publica Hija de perra, por Surada Ediciones. Nuevamente nos enfrentamos a la metamorfosis de lo mismo, en su quehacer literario, es decir, la mutación para poner otra vez el dedo en la llaga, pero esta vez utilizando el monólogo. Según el crítico peruano Julio Ortega ha señalado lo siguiente: “Hija de perra lleva las pulsiones de lo real (evidencias) de muerte a su extremo recusatorio, al inventario de la carencia y el desamparo (evidencias de que lo real retoma incólume y aún más grotesco). El paisaje urbano, “Santiago muerto”, especifica aquí el paisaje interior desolado por la ruptura del diálogo. Entre ambos, discurre la soledad de la escritura, esa obsesión de entender y protestar, ese puente roto sobre un mundo arruinado”. Para situarnos en el mapa mental de la autora y sus referentes autobiográficos, leemos en uno de los poemas en prosa: “yo crecí entre milicos como dice el Charly y leí el manifiesto dadá y el surre, y a la Kristeva y a la Yourcenar y a la Djuna y a la Orozco y a Roland y otras cuantas estupideces con que he perdido el tiempo, tanto tiempo… tengo la cabeza latina… el cuerpo negro… nunca mitigué la violencia, tengo el lomo desollado, tengo el lomo herido”. Más adelante, escribe: “llévame a beber un trago, cuenta de la biografía emocional de Malú Urriola. Una especie de diario de vida, donde apunta sus inquietudes, lecturas y gustos musicales.
En 2003, publica Nada. El título ya sitúa al lector en una irradiación existencialista, pero con más Simone de Beauvoir que Jean Paul Sartre. Asimismo, surge el imperativo del verbo “nadar”. “Los poemas están divididos –como se señala en Memoria Chilena- por intervalos en los que se insertan imágenes relacionadas con la vida acuática (flotador, escafandra, nadador), partes corporales (estómago, corazón, pie) y técnicas de inscripción (aerógrafo). El libro no contiene referencias a Vicente Huidobro, Gabriela Mistral y Jean Arthur Rimbaud, así como a Madonna, Charlie Parker y Rocío Durcal”. No por nada, en uno de los textos interpela a Jean Arthur Rimbaud y le dice: “Hey, Rimbaud, yo no es otro, son miles”.
Este es un libro fresco y vegetal, donde la palabra fluye con la misma naturalidad, con que caen las hojas de los árboles. Aquí una muestra. Los poemas no tienen título. Son un solo tejido textual, pero con distintas aristas. A ratos aparece el amor y su irradiación. En uno de ellos, escribe: “El cielo se raja de nubes y el viento nos acaricia la espalda. / Y cierro los ojos y cierras los ojos. / Nada es más real que este silencio verde, / tan verde, que ni el verde mismo podría parecérsele. / Te arrojas de espaldas a la nada”. En síntesis, es una obra que suma intensidad al gran tejido escritural de Urriola que parte con Piedras rodantes (1988), y que continúa en libros sucesivos que ahora revisaremos.
Pues bien, siguiendo su línea confesional publica el 2007, Bracea bajo el sello de Lom Ediciones. Según Roberto Careaga, escritor y crítico dice acerca de esta obra: “En Bracea -como ya lo había adelantado en su interior libro, Nada (2003)- baja las revoluciones. Aunque sigue escribiendo desde los bordes.
Es una historia, la de dos hermanas flotando a la deriva en el mar. Un perro partido quirúrgicamente por la mitad de un tren, es la primera imagen en la vida de las siamesas. Viven en “una casa ruinosa lejos de la ciudad”, de vez en cuando se pierden en el Valle del Elqui y son el blanco de burlas preferido del pueblo. “Ella (su hermana) se evade de ser un monstruo. Yo”, dice la protagonista. Su narración no lo es: es inocente y hasta perpleja; sencilla y, pese a habitar un paisaje monstruoso, con algo de desconfianza: “Tal vez las palabras vehementes puedan librarse y salir braceando como un centenar de mariposas de colores, negras y azules, dispersándose en el aire, liberadas de esta jaula infame”.
“Bracea se sumerge en zonas oscuras, secretas, habla de deformes y freaks, pero como el mar que se traga a las hermanas, es un libro luminoso”.
Acertada la crítica certera de Careaga. Y nuevamente, nos va entregando libro a libro, su biografía emocional, su incesante rebeldía, sus motivaciones literarias. Y principalmente, sus sueños y pérdidas.
Luego, publica en la prestigiosa editorial venezolana Hija de perra y otros poemas (Antología, Monte Ávila Editores, 2010), con buena crítica y donde se da una de sus constantes: la subversión, cierta ironía y la crítica social. Más tarde, edita en la editorial Cuarto Propio, Las antología Las estrellas fijas para ti, el año 2015, donde selecciona gran parte de su obra poética.
Pero no es sino hasta el año 2017, que da una nueva entrega lírica. El título: Cadáver exquisito (Cuarto Propio). Es también un guiño al surrealismo, conducido por André Breton. Pero en este caso para dar cuenta de su propia realidad o entorno. Siempre desde una mirada lúdica e incisiva. Por ejemplo, en la página once, escribe: “Estoy escribiendo un libro que comienza a emanar como un río, una nueva rama de una planta creciendo imperceptiblemente en tu casa, la hoja de un árbol cayendo, un cadáver en una bandeja de la morgue, una bolsa que flota en el vacío”.
En otro texto, nos dice: “escribir es encontrarse y perderse al mismo tiempo”, página 86. Y más atrás en el libro, en la página 18, apunta: “Tengo una sed de vientos que se golpean contra las costillas, los intestinos, los ojos, las tazas, los platos, la cama”. También en este volumen, como en prácticamente toda su obra, Urriola crítica la poesía misógina y patriarcal. Y en unos versos, tal vez premonitorios, enfatiza: “Qué se hace con las despedidas, / con las maletas, / con los aeropuertos, / con los ascensores; / con los trajes tristes; / con la puerta de desembarque, / con el surco de nube, / con el silencio del cielo”. Versos reveladores y concisos que nos dejan más incertidumbre que certezas.
Y no es sino hasta junio de 2022 que publica El cuaderno de las cosas inútiles (Cuarto Propio), es un libro de grata lectura y buena factura. Sin embargo, los mejores juicios críticos no aparecieron en Chile, nos atrevemos a decir que Francine Masiello, fue quien dio la nota justa sobre el trasunto de este tomo. Allí dice: “El Cuaderno de las cosas inútiles, último poemario de Malú Urriola, es un libro perentorio sobre nuestra angustia en tiempo presente. Se asienta sobre la precariedad, lo huidizo, los que parten sin decir adiós, los fantasmas que habitan las casas y los objetos, la incertidumbre, la soledad”. La totalidad de los textos, los escribe en Madrid, en medio de la Pandemia y como el título lo apunta, hay esbozos y reflexiones que puede contener todo cuaderno de su especie. Aquí una muestra: “Los helicópteros no dejan de sobrevolar. / hace meses que no veo las luces de ningún avión. / Dicen que han abierto el aeropuerto y las librerías. / El verano ha llegado y el viento corre por Lavapiés como el niño chino. / Hace calor y la gente a salido a la calle (…) / Las mascarillas se han puesto de moda. / Vuelve a sonar una maleta que alguien arrastra. / Son casi las 3 de la madrugada. / Lo único que brilla es un satélite / y el cartel que anuncia hace 4 meses / el estreno de Flashdance”.
Se trata de una de las mejores poetas de su generación, dueña de un tono personal y certero en su escritura desde Piedras rodantes (1988), hasta el libro que acabamos de citar. Falleció en plena producción poética y repleta de proyectos. Aún tenía mucho que decirnos. Ahora sus lectores, a los cuales, nos sumamos esperamos leer su libro póstumo Vuela que será publicado el próximo año, por la Fundación pablo Neruda,.
LIBROS
- 1988 – Piedras rodantes
- 1994 – Dame tu sucio amor
- 1998 – Hija de perra
- 2003 – Nada
- 2010 – Hija de perra y otros poemas, antología.
- 2005 – Las estrellas de Chile para ti, antología.
- 2017 – Cadáver exquisito.
- 2022 – El Cuaderno de las cosas inútiles

